Bebidas mexicanas con historia: el Tejuino

Tejuino, la bebida ancestral que refresca a Jalisco y Nayarit, guarda historia, sabor y tradición en cada vaso servido.

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México resguarda entre sus calles, mercados y plazas una larga lista de bebidas ancestrales que no solo refrescan, también cuentan la historia de sus pueblos. Desde preparaciones elaboradas con cacao, maíz o frutas fermentadas, hasta recetas que han pasado de generación en generación, cada sorbo conserva una raíz profundamente ligada a la identidad nacional. Entre todas ellas, el tejuino destaca como una de las expresiones más populares del Occidente del país, una mezcla que combina sencillez, tradición y un sabor inconfundible.

Servido frío, acompañado de limón, sal y en ocasiones una bola de nieve, el tejuino se ha convertido en un infaltable para quienes recorren Guadalajara, Jalisco y buena parte de Nayarit, Colima y Michoacán. Su presencia en plazas públicas y rincones gastronómicos lo mantiene vigente como una bebida cotidiana, pero detrás de su dulzura y frescura existe una historia ligada al maíz, a las antiguas culturas mexicanas y a una costumbre comunitaria que sigue tan viva como hace siglos.

¿Qué es el tejuino y cómo se bebe?

El tejuino es una bebida elaborada a base de maíz fermentado, piloncillo, lima o limón, sal y abundante hielo. Su preparación le da una consistencia ligera y un sabor entre dulce, ácido y refrescante que lo vuelve ideal para los días calurosos. Aunque para muchos es simplemente una bebida popular, en realidad se le considera un tipo de cerveza de maíz debido al proceso de malteo y fermentación que atraviesa el grano.

La germinación del maíz con agua, seguida de su cocción para liberar azúcares y una fermentación de entre 24 y 48 horas, da como resultado una bebida con notas dulces gracias al piloncillo y a los almidones parcialmente hidrolizados. En la actualidad, la gente acostumbra beberlo con jugo de limón, una pizca de sal e incluso chile piquín. También es común que se sirva con una bola de nieve de limón, una combinación que intensifica su carácter refrescante y lo convierte en una parada obligada para turistas y locales.

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Historia del tejuino

El nombre del tejuino proviene del náhuatl “tecuin”, que significa “latir del corazón”, una referencia que conecta de inmediato con su profunda raíz prehispánica. Esta bebida originaria de México tiene especial presencia en las antiguas culturas de Occidente, particularmente entre los wixárikas, quienes la elaboraban y consumían como parte de su vida diaria y ceremonial.

Para esta comunidad, el tejuino no era únicamente una bebida para mitigar el calor; también representaba un elemento esencial en festividades religiosas, encuentros deportivos y reuniones conocidas como tesgüinadas, donde se tomaban decisiones políticas y económicas importantes. Su consumo comunitario consolidó al tejuino como símbolo de convivencia y fuerza colectiva.

Con el paso del tiempo, esta tradición se extendió a Guadalajara, Jalisco, y posteriormente a otros estados como Veracruz y Baja California Sur, manteniendo intacta su esencia. Hoy continúa siendo una de las bebidas mexicanas más reconocidas cuando se habla de rescatar sabores ancestrales ligados al maíz.

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Para quienes desean descubrir los sabores más representativos de Guadalajara, hospedarse en Camino Real Guadalajara representa una alternativa estratégica para recorrer la ciudad y adentrarse en sus tradiciones culinarias. Desde este punto es posible conectar con mercados, plazas y espacios donde el tejuino forma parte de la experiencia cotidiana de la Perla Tapatía.

Visitar Guadalajara no solo implica admirar su arquitectura o caminar por sus avenidas emblemáticas; también significa detenerse frente a un puesto tradicional, pedir un vaso escarchado y probar esa mezcla de maíz fermentado, piloncillo y limón que por décadas ha refrescado a miles de personas. En una ciudad donde la gastronomía es parte del recorrido, el tejuino se mantiene como una de las bebidas consentidas que todo visitante debe incluir en su lista.

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